Siempre nos hemos preguntado cómo para algunas personas es
tan sencillo aprender cosas nuevas y desarrollar tareas que para nosotros son
complicadas.
Con el fin de poner
a prueba la teoría, los investigadores reclutaron a 80 estudiantes y los
sometieron a distintas pruebas relacionadas con la llamada “memoria de trabajo”,
que exige esfuerzos, sobre todo, al lóbulo frontal. Podría definirse como la habilidad para relacionar recuerdos con nueva información, adaptarse
a nuevos objetivos y filtrar la información irrelevante. Mientras realizaban las pruebas, fueron sometidos
a electroencefalogramas.
Según los tests
previos que les hicieron, los voluntarios se dividían en dos categorías: los
que tenían un coeficiente intelectual ligeramente superior a la media y los que
puntuaban muy por encima del promedio. En las tareas muy difíciles o muy fáciles no se registraron
grandes diferencias,
pero la cosa cambiaba con los problemas de dificultad moderada: entonces la
actividad eléctrica era sensiblemente inferior en las personas con mayor cociente intelectual.
Los expertos lo
comparan con los coches: cuando van a una velocidad mediana es
cuando se pueden valorar las diferencias en su gestión de los recursos. A poca velocidad, los vehículos
gastan poco combustible, y si circulan muy rápido, mucho, todos por igual.
Además, los
científicos suizos afirman que, pese a la creencia de otros colegas,la memoria de trabajo no se puede ejercitar. Sí podemos entrenarnos para realizar tareas
concretas, pero cuando nos enfrentamos a un nuevo reto, todos partimos de cero.
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